San Carlos Sud - Santa Fe - Argentina
Sábado 20 de Abril de 2019

Escuela Nº 359 - Manuel Belgrano

D. F. Sarmiento 717

(3017) San Carlos Sud (Santa Fe - Argentina)

(3404) 42-0418
Diario Escolar Digital - Escuela Nº 359 - Manuel Belgrano - San Carlos Sud
Cuentos
21-01-2017 | El cuento de la semana
El señor Medina Un cuento de Iris Rivera
El señor Medina fue aprendiendo a medir las palabras. Estaba orgulloso porque nadie le enseñó. Aprendió solo, de inteligente que era nomás.
Está bien que no aprendió enseguida ni fácilmente. Le costó mucho, años le costó... sufrió equivocaciones, cometió graves errores que luego tuvo que lamentar, pero el tragaba saliva y se decía:
- ¡Atención Medina! Esta vez mediste mal, la próxima no te tiene que pasar.
Y trataba que la próxima vez no le pasara.
El señor Medina siempre llevaba en el bolsillo la cinta métrica. El padrino se la había regalado de chico, porque todos en la familia tenían una. La cinta métrica era una tradición en la familia del señor Medina. Unos la usaban mejor que otros, pero todos la tenían. El padre había sido un gran abogado, la madre una gran profesora, tenía tíos empresarios, un primo periodista y hasta un pariente lejano que ocupaba un importante cargo público... y todos sabían medir las palabras.
Seguramente de verlos a ellos habrá aprendido el señor Medina, mejor dicho de oírlos. Porque ver, lo que se dice ver no veía nada, como no fuera que, antes de hablar, metían la mano en el bolsillo derecho (donde guardaban la cinta) y pensaban un rato. Estaban midiendo.
Parece que, una vez que quedaban conformes con la dimensiones de lo que estaban por decir, recién lo decían.
Al principio el señor Medina se mandaba sus grandes macanas. No podía medir sin ser visto, como hacían sus parientes, así que sacaba la famosa cinta y
la ponía en la mesa. Después soltaba la palabra en voz baja y la medía.
Por ejemplo:
LADRÓN
-A ver...un centímetro y medio...No, mu larga.
Y probaba otra:
DELINCUENTE
-Son dos centímetros y ocho milímetros...No m{as larga todavía.
A ver:
PILLO
-Un centímetro y dos milímetros...esta podría andar.
Entonces la decía. Pero a esa altura había tardado tanto que la persona con la que se encontraba hablando se había aburrido, o estaba pensando en otra cosa, o directamente ya no estaba. Con el tiempo el entrenamiento le dio velocidad y ya no necesitó poner las palabras sobre la mesa, porque podía estimar " a ojo", o más bien de oído", la longitud que tenían. Fue entonces cuando le regalaron la balancita. ¡Pobre señor Medina! Ni sospechaba que en su familia se usara también ese instrumento. La verdad es que los Medina se iban perfeccionando. Ahora, además de medir las palabras también las pesaban. Y el señor Medina tuvo que aprender. Veamos:
¡INSERVIBLE!
-No...pesa como 800 gramos, no va.
Otra: ¡INÚTIL!
-¡Qué raro!...mide menos, pero pesa igual. Esta tampoco va.
Otra:
¡TORPE!
-Esta es más liviana: 470 gramos...pero igual es casi medio kilo.
Busquemos otra:
¡DISTRAIDO!
-¡Ah! Ésta pesa a penas 100 gramos. No está mal.
Entonces el señor Medina la usaba...y el inservible que tenía adelante se iba contento, pensando que no era un inútil sin remedio, sino apenas un simpático "distraído".
Y el señor Medina también se iba contento porque todos opinaban bien de él, lo tenían por un tipo comprensivo que sabía tratar con cortesía a las personas.
Muchos lo admiraban por su calma, su prudencia y su amabilidad. Claro, nadie sabía lo de la cinta y la balanza, una en el bolsillo derecho, la otra en el izquierdo. Y el señor Medina, que ya no necesitaba sacarlas, hablaba con la gente con las manos en los bolsillos, siempre midiendo y pesando, y ganándose el respeto y la simpatía de todos.
Siempre tomando en cuenta el peso y la medida, cambiaba "haragán" por "desganado", decía "desagradable" en lugar de "asqueroso" y "desprolijidad" en vez de "mugre". Había palabras largas y livianas que siempre eran preferibles a otras que, aunque fueran cortas, eran demasiado pesadas.
Un día en que no tenía nada que hacer, el señor Medina se puso a revisar su muy cuidado y elegido vocabulario y se dio cuenta de algo que, hasta el momento, no había notado: el color de las palabras. Notó que todas las palabras usadas por él eran de color gris. Gris claro, gris oscuro, grisadas, grisáceas. Todas eran palabras grises.
Y se dio cuenta de algo más: las palabras no eran grises de entrada: se ponían grises.
Advirtió, que no se hacían grises de golpe: se iban volviendo grises.
Y por último notó que el color gris les iba entrando a medida que las medía, a medida que las pesaba.
Por ejemplo: una palabra roja se iba volviendo anaranjada, después amarillenta y al final grisecita...Una palabra azul se ponía celeste, gris perla, gris ceniza, gris.
Como siempre tenía algún problema en que pensar, el señor Medina salió a dar un paseo por el barrio. Como iba distraído con sus pensamientos, puso un pie en la calle justo cuando el semáforo cambiaba a rojo y un camionero le gritó una palabrota larga, pesada y del mismo color que la luz del semáforo.
Al señor Medina le retumbó la palabra roja en el cerebro. Él la hubiera pronunciado. Y se quedó mudo murmurando "insolente" ..., "bocasucia", "maleducado"...todas palabras livianitas y decididamente grises.
Siguió caminando y vio frente a él avanzando en sentido contrario, una señorita de pelo largo y ondeante que brillaba al sol. La señorita tenía el andar gracioso y los ojos encendidos debajo de unas espesas pestañas.
Al cruzarse con el señor Medina, la señorita entornó los párpados. El corazón de él dio un brinco y ni siquiera se animó a decir las palaras que seleccionó: "linda", "bonita". "preciosa". El señor Medina se puso
colorado. Parece que ninguna de esas palabras era lo suficientemente gris.
En cambio otro caballero, que venía también por la vereda, le dijo a la señorita una palabra de un azul tan intenso que ella le dedicó una sonrisa transparente capaz de derretir a una baldosa. Pero ni la baldosa ni el señor Medina se derritieron porque la sonrisa no era para ellos. Era para el caballero que dijo la palabra azul.
Para colmo, un chico sostenía en la plaza una discusión de todos colores por un gol mal cobrado...tanto que llegaron a las piñas y al otro el ojo le quedó violeta.
Encima, , una nenita que iba de la mano de su mamá, se encaprichaba en comprarle al pochoclero y pataleaba. En las lágrimas se le formaban arcoiris y eran tantas y tan grandes que estaba claro que la nena no las medía, ni las pesaba ni nada. Le salían nomás. Como les salían nomás los besos y los arrumacos a las parejas de enamorados que parecían florecer, igual que los canteros a todo color.
Algo andaba definitivamente mal para el señor Medina, y se sentó en el bar de la esquina, en una mesita de la vereda a tomar un café. Mientras esperaba al mozo se puso a escuchar con atención a la gente que pasaba. Unos hablaron en verde, en lila, en amarillos; otros charlaban en anaranjado, en azul francia, en rosa.
Los únicos que conversaban en gris eran los que caminaban con las manos en los bolsillos y entonces el señor Medina sospechó que era lo que guardaban en ellos. Los únicos que conversaban en gris eran los que medían.
Se tomó de un solo sorbo el café. Del bolsillo derecho sacó la cinta métrica, del bolsillo izquierdo sacó la balancita, las puso sobre la mesa y se las dejó al mozo como propina.
Se levantó y, con paso decidido, se encaminó a la plaza más cercana. Allí encontró, en el medio, la estatua ecuestre de vaya a saber quién. Se trepó al monumento, lo más alto que pudo y se puso a gritar con toda el alma un montón de palabras de colores brillantes. Eran palabras largas, medianas y cortitas, pesadas y livianas. El señor Medina ya no tenía con que medirlas ni con que pesarlas. Así que las gritaba sin tener idea de su peso y longitud, y por eso las palabras le salían de todos colores. Viboreaban en el aire con destellos fosforescentes, a la manera de serpentinas locas, y algunas hasta tenían chispitas como de fuegos de artificio. Eso sí, ninguna era gris.
La gente se empezó a juntar para ver y oir el espectáculo. La gente se reía, hasta VAYA A SABER QUIEN ( el de la estatua ecuestre) se reía...y no paraba.
¡No era para menos! Aquella era una lista interminable de infinitas palabras desmedidas.



Iris Rivera
Nació el 06/06/1950. Es maestra y profesora en Filosofía y Ciencias de la Educación. Trabajó como docente en escuelas públicas durante 25 años. Se desempeñó como mediadora en hogares de niños, ancianos, jóvenes en recuperación por drogadependencia y cárceles. Habitualmente visita escuelas del país donde realiza encuentros con alumnos como autora y talleres con docentes como mediadora. Coordina talleres literarios de lectura, escritura y reflexión, dirigidos a adultos. Participa como conferencista y panelista en Jornadas y Congresos de la especialidad. Por su trabajo como especialista en LIJ recibió el premio Pregonero 2011 otorgado por la Fundación El Libro. También, el premio Hormiguita Viajera 2013 como Maestra Latinoamericana de LIJ otorgado por la Biblioteca Madre Teresa de Calcuta. Como autora, varios de sus libros recibieron premios. Entre ellos: Quién soy (en colaboración), Llaves, El cazador de incendios, ¿Dale?, Bicho hambriento y Haiku. En 2014 recibió el Premio Konex en Letras, Diploma al Mérito - Infantil.

Para saber más sobre Iris y su obra: http://www.imaginaria.com.ar/2012/11/iris-riv

3        No        0        462       

Nora Mermet
E-Mail: info@escuela359.edu.ar

Profesora de Nivel Primario, responsable del Taller de Periodismo Escolar.
Directora Interina

Noticias Relacionadas
Papanuel de Graciela Cabal, un cuento de Navidad
SUEÑOS Y MAGIA
"Puentes", de Elsa I. Bornemann
MUERE MI ROSTRO - NIY KILAKÁN
¡PAPÁ! de Philippe Corentin
LA TORRE DE CUBOS de LAURA DEVETACH

Escriba su Comentario si lo desea

Nombre o Nickname


(*) E-Mail


Comentario


Acepto Términos y Condiciones

(*) No son Obligatorios Completar

     

Términos y Condiciones del Servicio "Comentarios":

El Webmaster de La Escuela Nº 359 - Manuel Belgrano controla la información que los Usuarios proveen a través de este medio, y se reserva el derecho a interrumpir o finalizar el acceso a este medio de participación, sin previo aviso, a quienes atenten contra el normal funcionamiento del mismo.

Recuerde siempre que su participación será leída por niños en edad escolar.

En este espacio no está permitido:

. Utilizar lenguaje obsceno, discriminatorio y ofensivo.
. Cualquier tipo de ataque personal contra otros participantes.
. Todo acto contrario a las leyes, moral y buenas costumbres.

El Webmaster de La Escuela Nº 359 - Manuel Belgrano se reserva el derecho de supervisar los comentarios, y los moderadores se reservan el derecho de no publicar (o remover luego de ser publicados) aquellos contenidos propuestos por los usuarios que no respondan estrictamente a los objetivos de los comentarios y a los parámetros establecidos en el presente reglamento.

Está prohibido violar directa o indirectamente los derechos intelectuales de propiedad de cualquier persona, cualquier copyright, marcas, derechos de publicidad, u otros derechos de propiedad. La Escuela Nº 359 - Manuel Belgrano no será en ningún caso responsable por dicha violación ni de las consecuencias que de ello se deriven.

Cada participante es único y exclusivo responsable de sus manifestaciones, dichos, opiniones.

Queda claro entonces, que las diferentes opiniones vertidas en los comentarios son de nuestros lectores, no de La Escuela Nº 359 - Manuel Belgrano.

26-12-2017 | Un hermoso relato
Papanuel de Graciela Cabal, un cuento de Navidad


Los Cardoso eran gente famosa en el barrio de San Cristóbal, pero sólo para las Navidades. Y esto por dos razones.
Porque, año tras año, la abuela, la mamá y los Cardosos chicos -tres nenas de nueve, seis y cinco años y un varón de cuatro- armaban un Pesebre que ni les cuento en el patio con techito de la casa.
Y porque Nochebuena tras Nochebuena, el papá llegaba al barrio, antes de dar las doce, vestido de Papá Noel ("Papanuel", decían los chicos).

Lindo era el Pesebre de los Cardoso. Y muy completo. Hay que ver que la abuela lo había ido armando desde el día en que su padrino le regaló una Virgen, un San José y un niño Dios con ojitos de vidrio. (La Virgen y San José eran mucho más petisos que el Niño, pero en la vida no se puede andar con tantas pretensiones.)
...
0        No        0        113

16-04-2017 | El cuento de la semana
¡PAPÁ! de Philippe Corentin
Es la historia de un niño que en repetidas veces se ve enfrentado al miedo de pensar que hay un monstruo debajo de su cama, lo que le produce un gran terror. Esta situación lo lleva a recurrir constantemente a la protección de su padre, el que deberá calmarlo y explicarle que los monstruos no existen y son parte de la imaginación de casi todos los pequeños.
[...]
0        Sí        0        206

19-03-2017 | El cuento de la semana
El grufaló Julia Donaldson Axel Scheffler
0        No        0        66

26-02-2017 | El cuento de la semana
El pájaro nocturno Ursula Wölfel
Había un niño que siempre tenía miedo cuando se quedaba solo en casa. Sus padres salían a menudo por las noches.
Entonces era incapaz de dormirse, de tanto miedo como tenía. Oía un susurrar y un ruido, como si alguien respirase en su habitación.
Oía un crujir y crepitaciones, como si algo se moviera debajo de su cama.
Pero lo peor de todo era el pájaro nocturno.
[...]
1        No        0        280

12-02-2017 | El cuento de la semana
Gurí pescador Osiris Rodríguez Castillos
Libro- album
Un libro de Denisse Torena sobre la canción de Osiris Rodríguez Castillos, interpretada especialmente por Ana Prada.


1        No        0        383

30-04-2017 | El cuento de la semana
MUERE MI ROSTRO - NIY KILAKÁN
Compartimos hoy en esta sección una de las entretenidas animaciones de menos de tres minutos, donde se rescatan relatos orales, ancestrales, de las distintas etnias mexicanas en huasteco, maya, mixteco, náhuatl, totonaco, yaqui y zapoteco

0        No        0        116

01-04-2017 | Hoy te proponemos leer:
LA TORRE DE CUBOS de LAURA DEVETACH


Este libro tiene muchas historias. En ellas encontrarás mundos escondidos en torres de cubos y en dibujos hechos en la pared, y personajes inquietos y divertidos, como un deshollinador, un monigote de carbón y tres marineros de papel. En estas historias todo puede suceder, como que Bartolo tenga una planta que dé cuadernos o que a Mauricio en vez de palabras le salgan silbidos de locomotora a través de la boca. Todas estas son historias inolvidables, llenas de fantasía, de belleza, de libertad...
0        No        0        354

05-03-2017 | El cuento de la semana
LA TORTUGA GIGANTE (Cuentos de la selva, 1918) HORACIO QUIROGA
Había una vez un hombre que vivía en Buenos Aires, y estaba muy contento porque era un hombre sano y trabajador. Pero un día se enfermó, y los médicos le dijeron que solamente yéndose al campo podría curarse. Él no quería ir, porque tenía hermanos chicos a quienes daba de comer; y se enfermaba cada día más. Hasta que un amigo suyo, que era director del Zoológico, le dijo un día:
--Usted es amigo mío, y es un hombre bueno y trabajador. Por eso quiero que se vaya a vivir al monte, a hace mucho ejercicio al aire libre para curarse. Y como usted tiene mucha puntería con la escopeta, cace bichos del monte para traerme los cueros, y yo le daré plata adelantada para que sus hermanitos puedan comer bien.
[...]
0        No        0        285

19-02-2017 | El cuento de la semana
AL OTRO LADO Maurice Sendak
Hoy escucharemos un cuento escrito e ilustrado por Maurice Sendak, traducido por Ellen Duthie y publicado en español por Kalandra.



6        No        0        242

05-02-2017 | El cuento de la semana
¡Yo, león! de Antonio Rodríguez Almodóvar
Cuento narrado por su autor


Recuerda leer todos los días
0        Sí        0        189

Vuelo 359

Escuela Nº 359 - Manuel Belgrano

D. F. Sarmiento 717

(3017) San Carlos Sud (Santa Fe - Argentina)

(3404) 42-0418

BoffelliWeb de Guillermo Boffelli (Diseño y Programación Web Profesional)

Copyrigth © 2019 - Escuela Nº 359 - Manuel Belgrano